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Vida Eterna

Las personas en general temen a la muerte, más que a la vida, porque piensan que la muerte es el fin de todo, sin embargo, debería de ser el comienzo de todo. La Palabra de Dios en la Biblia, nos promete “vida eterna”, nos habla de que “el que está en Cristo, aunque esté muerto vivirá”. Nos dice que en la casa del Padre hay muchas moradas que están siendo preparadas para nosotros.


En fin, todo nos lleva a pensar y creer que la muerte solamente es una puerta o un paso para algo mejor, para el más allá, para la abundancia de vida. Sin embargo, es mayor la duda y la incredulidad, que nos mueve a experimentar temor ante tal evento. Quizás sea porque somos como Tomás, que necesitamos ver para creer. Se nos hace difícil creer algo que debería ser infalible, ya que es la Palabra de Dios, sencillamente porque no lo hemos probado ni comprobado con nuestros sentidos naturales.


Lo sobrenatural, lo espiritual y divino, no pueden comprenderse con los sentidos naturales, sino con el espíritu humano, el hombre interior, con los sentidos espirituales. Necesitamos desarrollar los sentidos espirituales más y más cada día. ¿Cómo lo lograremos? No estemos tan pendientes de lo físico y natural que ocurre a nuestro alrededor cada día. Mantengamos una comunión íntima con el Dador de la vida eterna, la vida interior, la vida espiritual.


Escuché de un misionero, acerca de su tía, una señora que vivía en los Estados Unidos de América, quien tenía más de 85 años, pero bien vividos; una mujer llena de Dios que se deleitaba en hacer Su voluntad cada día. A ella le gustaba mucho danzar para el Señor. Cierto día, ella invitó a sus parientes más cercanos a comer en su casa, entre ellos, el sobrino que relató la historia. Cuando ya habían terminado de comer, ella comenzó a danzar y dijo: “Ya estoy lista para volver a casa, ya puedo irme con mi Señor”. Así, de una manera natural, ella cayó suavemente al piso y durmió para traspasar la puerta a la Vida Eterna.


No cabe duda que esta mujer sabía lo que le esperaba y sabía que era bueno y agradable. Ella no tenía temor a la muerte, porque entendía el proceso de gloria que necesitaba pasar, para disfrutar eternamente de la presencia y plenitud del Padre en su vida.


Te invito a escudriñar tu corazón, y a abandonarte en los brazos de amor del Padre, hacer Su voluntad y no temer al mañana.

"Te invito a escudriñar tu corazón, y a abandonarte en los brazos de amor del Padre, hacer Su voluntad y no temer al mañana."

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