Para Maestros

Desde niña admiré a mis maestras, a tal punto que llegaron a ser figuras muy importantes en mi vida. Recuerdo que cuando yo estudiaba en una escuela religiosa católica, a mis escasos ocho años, supe que el obispo llegaría a mi ciudad, y se nos animaba a recibir la “Confirmación”, un sacramento de la Iglesia Católica. El requisito era ir acompañado por el papá o la mamá, en su defecto, llevar una madrina. Como yo no me atrevía a pedirle a mis padres, pues sospechaba que dirían que no, pensé en la persona más cercana que podría ser mi madrina. Se trataba de “la Niña Gera”, mi maestra de primer grado, la que me enseñó a leer y escribir, la que marcó mi vida con su amor y cuidado. Me presenté con ella en la Iglesia y así me confirmaron.


Doña Toña Herrera de Sánchez, fue mi maestra de Economía Doméstica en secundaria. Con ella aprendí a pegar botones, a hacer ruedos, a remendar calcetines, a cortar patrones y muchas cosas más. Ella influyó mucho para formarme en esa área y para que me llegara a gustar costurar, al punto de diseñar mi propia ropa y hacerle camisas a mi esposo.


Cuando posteriormente estudié bachillerato, tuve un maestro en la clase de Química, el Dr. Leónidas Adonis Morales, alias “Quimiquito”, que tuvo tal impacto en mí, que terminé estudiando la carrera de Química. Para todos era una clase un poco difícil, pero para mí, era la más agradable, entretenida y fácil. Yo esperaba esa clase de las siete de la mañana, como agua de mayo.


El Dr. Allan D. Cooper en Worcester, Massachusetts, fue mi mentor de Bioquímica y me asesoró en mi trabajo de investigación. Su entrega me motivó para continuar mis estudios hacia la maestría y luego el doctorado.


¡Cuánta admiración sentía por mis maestros! Eran algo tan preciado, para mí, porque tenían la vocación y la pasión para enseñar. ¡Cómo disfrutaban ellos que nosotros aprendiéramos y cuánto lo agradezco! Ellos me inspiraron a desear hacer lo mismo con otros, a su debido tiempo. Mi primer trabajo remunerado fue ser maestra de ciencias, química y matemáticas en un Colegio Oficial de Danlí, El Paraíso, Honduras. Lo disfruté tanto, que aún recuerdo a mis estudiantes, aunque fue en 1970. ¡Cuánta satisfacción me daba ver que aprendieran y fueran capacitados para su futuro!


Doy gracias a Dios por aquellos profesores que aún conservan la pureza en su corazón, por enseñar a otros con pasión, y no como una actividad económica solamente. Bendigo a los maestros que en realidad lo son, sin importarles el sacrificio o el tiempo invertido, porque ellos verán la recompensa cuando estos muchachos se conviertan en profesionales o empresarios exitosos.


Pido al Señor que no permita que los que se prepararon para ser profesores, se comercialicen al punto de trabajar por horas con un arancel de asalariados. Por favor Señor, devuélvele a la sociedad, a la juventud y a la niñez actual, la gratificación de contar con maestros y profesores que amen lo que hacen y que los amen a ellos como personas, como individuos que tienen un destino y un propósito por cumplir en esta tierra. Retribúyeles tú, Oh Dios.

"Doy gracias a Dios por aquellos profesores que aún conservan la pureza en su corazón, por enseñar a otros con pasión, y no como una actividad económica solamente."

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