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¡No te alejes!

Todos nosotros en la vida, tenemos alguna área débil o difícil de vencer, algo con lo que luchamos constantemente; y pareciera que cuando ya estamos obteniendo victoria sobre ello, vuelve a surgir. Es natural que nos sintamos mal por ello, porque a pesar de amar mucho a Dios, quizás no hemos podido dominar nuestros instintos o los deseos carnales o las actitudes dañinas, o las malas costumbres que nos orillan a pecar.


Lamentablemente, los que ya conocemos a Dios, cuando recaemos en alguna situación pecaminosa, nuestra primera intención es alejarnos, quizás por vergüenza, o por temor al castigo, o a la crítica, o al rechazo de aquellos a quienes amamos. Parece no tener sentido, porque si hemos recaído, eso significa que necesitamos ayuda para levantarnos. Quiere decir que solos no podemos permanecer y que es necesario que otros más fuertes que nosotros, puedan echarnos la mano y sacarnos del fango.


El deseo de Dios es que seamos honestos y sinceros, que cuando estemos claudicando lo reconozcamos y pidamos ayuda; pero nuestro Padre bueno no quiere que nos descalifiquemos, ni que nos alejemos y mucho menos que dejemos de ser parte de una congregación local, donde el calor del cuerpo de Cristo y sus oraciones, pueden sostenernos y ayudarnos a superar esa parte difícil.


Para que Jesús comenzara Su ministerio, fue necesario que venciera al diablo en el desierto, al ser tentado por él. Cristo fue tentado en el espíritu, en el alma y en el cuerpo, pero pudo vencer en todas las áreas, para estar entonces capacitado para iniciar aquello para lo cual el Padre lo había enviado a la tierra.


Todos nosotros necesitamos ser probados y aprobados, para ser considerados Sus ministros. Al igual que a Jesús, lo único que nos acompaña durante la tentación, es el Espíritu Santo y Su Palabra. ¿No creen que es más que suficiente? Lo fue para Jesús.


Las tentaciones son diferentes para cada uno de nosotros, pues sólo podemos ser tentados en aquello que es nuestra debilidad. Si a mí no me gustara el dulce, nadie podría tentarme con postres. Si yo no tuviera problemas en el área sexual, la pornografía no sería una tentación para mí. O sea, que podríamos vacunarnos o prevenir caer en tentaciones, si trabajamos con nuestras áreas débiles o difíciles.


Mi humilde recomendación es, no te alejes del cuerpo de Cristo, ni de tus pastores. Reconoce tu debilidad y busca la ayuda correcta para poder vencer.

"No te alejes del cuerpo de Cristo, ni de tus pastores. Reconoce tu debilidad y busca la ayuda correcta para poder vencer."

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