La Boca de Dios en la Tierra

Actualizado: 20 sept 2021

Las ciudades y los pueblos, así como los campos y las cosechas, en fin, todo lo creado, obedece a leyes espirituales. Todo lo natural proviene de lo espiritual. Las palabras son espíritu y las palabras que salen de nuestra boca, tienen un efecto en el mundo natural y todo nuestro alrededor.


Hace unos veinte años aproximadamente, fuimos varias personas de nuestra ciudad, a visitar un puerto del sur del país. Lo que se veía alrededor era más que pobreza, miseria, personas con malformaciones congénitas, muchos enfermos y mendigos en las calles. Las casas se veían como abandonadas, parecía una ciudad fantasma. Nuestra misión era hablar palabras de vida, palabras de restauración y prosperidad. Fuimos a las calles y carreteras para declarar que serían pavimentadas o adoquinadas.


Una de las personas que fue en ese viaje hace veinte años, llegó nuevamente en estos días, para asombrarse al ver la respuesta a las palabras pronunciadas y declaradas. La ciudad cambió, el progreso llegó, la miseria se fue, el pavimentó llenó las calles, también los adoquines. Parece un lugar diferente.


Pero cada vez que vemos el cumplimiento de la palabra declarada, no es para quedarnos conformados a lo logrado, sino que debemos elevar el estándar y creer por más, lo cual debe ser expresado y declarado ahora, para verlo consumado después.


Dios mismo dijo, que como la lluvia riega la tierra y vuelve evaporada al cielo, así mismo opera la Palabra que sale de Su boca, que no volverá a Él vacía, sino que será prosperada y hará aquello para lo cual fue enviada.


Hemos creído y lo hemos comprobado, somos la boca de Dios en la tierra, y podemos esperar el mismo comportamiento cuando hablamos la Palabra correcta y alineada con el deseo del corazón de Dios. Solamente necesitamos conectar nuestro corazón con el Suyo, nuestro oído con el de Él y nuestros ojos con los ojos del Señor. Entonces vamos a mirar lo que Él mira, vamos a oír lo que Él dice, pero sobre todo, vamos a desear lo que Él desea. Cuando estamos seguros que nuestros deseos son los mismos deseos de Dios, podemos declarar la Palabra sin temor, sino con seguridad de que tendrá el efecto correcto y deseado, que Dios mismo hará que se ejecute esa palabra y que todos tendremos contentamiento.

"Somos la boca de Dios en la tierra, y podemos esperar el mismo comportamiento cuando hablamos la Palabra correcta y alineada con el deseo del corazón de Dios."

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