Inflexibles

Una de las características de algunos seres humanos que más afecta a los demás que viven alrededor de ellos, es la inflexibilidad. Ser demasiado rígido impide que esa persona escuche las opiniones de otros, para tomarlas en cuenta. A la larga, el inflexible se vuelve autoritario e impositivo.


Uno de los puntos fuertes de un verdadero líder es que escucha a los demás y toma en cuenta sus opiniones y posturas, nunca obliga o controla. El que sabe escuchar y tomar en cuenta a los otros, tendrá un liderazgo más firme y, sobre todo más representativo del núcleo al cual lidera. Será una persona agradable para sus seguidores.


Alguien puede moverse desde la inflexibilidad hacia la testarudez o la terquedad. A la larga, la persona testaruda o terca es aquella que dice: “Este macho es mío y de aquí no me muevo”, o sea, es alguien que no da lugar a los cambios ni consideraciones. Lo que es peor, él cree que siempre tiene la razón en todo.


Los tiempos cambian, los gustos cambian, las condiciones cambian, por lo cual, si tenemos una mente abierta y un corazón dispuesto, aquello que en una ocasión nos pareció inaceptable, si somos flexibles, ahora puede parecernos bien, o al menos podemos pensar que se le puede dar la oportunidad a las personas de elegir o decidir con libertad al respecto.


Poco antes de ir al huerto de Getsemaní, el Señor Jesús tuvo una conversación particular con sus discípulos que es solamente relatada en el evangelio de Lucas. Les habló de cuando los había enviado “sin bolsa, sin alforja, y sin calzado” (Lucas 9:1-6), pero a partir de ese momento les ordena tener bolsa, alforja y hasta una espada. ¿Cómo se puede explicar esto, o qué le pasó a Jesús? Jesús no era inconstante, sino que cambiaron las condiciones y Él cambió las instrucciones. Jesús era flexible, pero siempre escuchó al Padre e hizo lo que el Padre le indicó hacer.


Si nos damos cuenta que hemos sido demasiado estrictos e inflexibles, si quizás eso ha provocado que las personas no quieran estar cerca nuestro ni trabajar con nosotros, sería bueno comenzar a meditar en ello. El primer paso sería renunciar a un ego elevado y aprender de Jesús que es manso y humilde. Darnos cuenta que no somos dueños de la verdad absoluta y que debemos escuchar a los demás y tomarlos en cuenta, porque no somos superiores a ninguno. ¡Comencemos hoy mismo!

"Darnos cuenta que no somos dueños de la verdad absoluta y que debemos escuchar a los demás y tomarlos en cuenta, porque no somos superiores a ninguno."

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