Idiomas

Desde que yo nací, mi padre se empeñó en que yo aprendiera inglés, de tal manera que las primeras palabras que pronuncié de niña, fueron “moon” que significa “luna”, y “leaf” que quiere decir "hoja". Mi padre me tomaba en sus brazos y me mostraba las hojas del árbol de mamón que había en el patio, o apuntaba a la luna que se dejaba ver en una noche despejada.


Siempre escuché en mi casa paterna, que el que sabe dos idiomas vale por dos. Desde que yo era pequeña, tuve maestros especiales de inglés, los americanos que llegaban del “Cuerpo de Paz”, eran candidatos número uno. También doña Liliana, quien había estudiado en Belice, y no faltaron los cursos intensivos, en el Instituto Hondureño de Cultura Interamericana, durante mis vacaciones, que por supuesto dejaron de serlo.


Más temprano que tarde, comprobé por mí misma, la gran importancia de saber otro idioma, particularmente inglés. La vida nos tiene caminos y atajos que no alcanzamos a ver desde el inicio, pero los descubrimos después. Fui a vivir a Miami, luego a Massachusetts y después a Puerto Rico, en todos estos lugares realicé estudios universitarios donde era requisito el manejo del idioma inglés. Gracias al cuidado que tuvieron mis padres al respecto, pude aprovechar estas oportunidades que me ofreció la vida.


Regresé a mi país con una excelente preparación, pero lamentablemente no había campo para mí, donde pudiera aplicar lo aprendido. Pero el hecho de haber dominado el inglés, y ahora el lenguaje científico también, me abrió las puertas en un prestigioso centro de investigaciones tropicales, donde me desarrollé profesionalmente y aprendí mucho en el área de cultivos y estadísticas de plantas y producción.


Un tiempo después, el Señor Jesucristo alcanzó mi vida y la transformó totalmente. Yo deseaba crecer en conocimiento espiritual, por lo que fue de gran bendición para mí, encontrarme con misioneros americanos que establecieron en la ciudad de San Pedro Sula, el Instituto Bíblico Árbol de Vida. ¿Y qué creen que pasó entonces? Llegué a ser la traductora de los ministros de Dios que llegaban.


Nunca podré agradecer demasiado o lo suficiente, a mis padres por ese esfuerzo que hicieron y la insistencia de ellos para que yo “valiera por dos”. Hoy me siento muy contenta de ver que mis dos hermanos también son bilingües, sus hijos por igual. Mis hijos, nueras y yernos también lo son, y mis nietos ni se diga. Creo que tenemos un desafío delante de nosotros, que ellos aprendan un tercer idioma, para que se ensanchen sus oportunidades. Vamos a esforzarnos.

"La vida nos tiene caminos y atajos que no alcanzamos a ver desde el inicio, pero los descubrimos después."

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