Escribir

Aprendí a escribir mis primeras letras, a mis cortos cinco años de edad, en una antigua máquina de escribir color negro, con teclas redondas, rodeadas por un aro de metal. Por alguna razón, con el paso del tiempo, siempre prefería expresarme de forma escrita, porque me permitía ordenar mejor mis pensamientos.


A los doce años obtuve un reconocimiento de parte de Lions International, por haber presentado el mejor ensayo sobre “Cómo Conservar la Paz Mundial”. A los trece años obtuve un premio en la “American School” de Tegucigalpa, Honduras, por la mejor composición al árbol. En mis años de adolescencia, me refugiaba mucho en la pluma, para expresar mis emociones reprimidas. Llegué a tener más de quinientos poemas escritos, escondidos y secretos.


En determinado momento descubrí que mi padre escribía poemas bajo un seudónimo que era más bien un anagrama. Luego me di cuenta que mi madre era una escritora nata. Entonces, de algún lado yo había heredado esa habilidad.


A mis quince años debía decidir qué carrera deseaba estudiar, de inmediato dije: Quiero ser escritora. La oposición de mis padres a mi deseo, fue abierta y frontal. Trataron de darme mil razones por las cuáles no debería optar por ser escritora, ni pintora. Es así que ellos eligieron para mí, una carrera científica, que me permitiera obtener un buen ingreso para ser independiente económicamente. Inicié la Universidad en la carrera de Química Farmaco Biología, terminando después de diez años, con una licenciatura, una maestría y un doctorado en Toxicología Clínica y Farmacología.


Fue difícil culminar ese desafío, porque no era algo que me apasionaba, realmente lo hice por compromiso, por honor, por orgullo. Trabajaba en el Departamento de Investigaciones Científicas Tropicales de la United Brands, en Honduras, cuando mi vida se terminó de desmoronar emocionalmente. En esa etapa sombría de mi existencia, mi refugio volvió a ser, escribir.


Cuando más hundida me sentía, lista para despedirme del mundo cruel en que moraba, una luz alumbró mi camino, me encontré con mi Señor Jesucristo y nací de nuevo, volví a vivir. ¿Saben que fue una de las primeras cosas que hice? Escribir un poema acerca de cómo Jesús me había salvado del dolor, del pecado, de la enfermedad, la depresión y mucho más. Un día escuché dentro de mí, la suave voz de Dios que me dijo: “Siéntate y escribe”. Comencé a escribir para los demás, lo que un día se convertiría en libros para edificación espiritual. Dios nunca llega tarde y Su diseño siempre se cumple, este escrito es muestra de ello.

La Dra. Emma de Sosa en el lanzamiento de una de sus obras.


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