Dependencia

Recientemente mandamos a construir una Pérgola para la Plazoleta de nuestras instalaciones, por lo que nos vimos en la necesidad de reacondicionar las enredaderas que hace algún tiempo habíamos sembrado. Algunas que estaban dentro de una jardinera, se sostenían de alambres que habíamos colocado desde arriba, como una guía, para que los zarcillos de la planta se fueran enredando en ellos.


Para nuestra sorpresa, cuando bajamos la parte superior de la enredadera, los otrora zarcillos, ahora eran bejucos gruesos y bien trenzados. Pero lo más impresionante es que las trenzas estaban aferradas a los alambres, los que quedaron integrados y muy adheridos a los bejucos. Es una verdadera obra de arte tejida por la naturaleza misma. Llegamos a la conclusión de que era necesario quitar los alambres de adentro de las trenzas de bejuco. Eso será un trabajo muy delicado, complejo y aún tenemos el riesgo de herir o dañar la planta.


Este cuadro me impresionó y me hizo pensar en el ser humano. Muchas veces, o casi siempre, cuando somos niños, frágiles e inexpertos, necesitamos de guías y tutores. Estos nos dirigen, pero corremos un gran riesgo, y es aferrarnos tanto a ellos, al punto que no podamos prescindir de su dirección, aun cuando ya hemos crecido y somos adultos supuestamente maduros. Querer desprendernos cuesta muchísimo, y aún puede ocasionar heridas emocionales y daños permanentes.


Madurar es un proceso necesario para todo ser humano, y desde recién nacidos comenzamos a entrar en él, en las diferentes áreas de nuestra vida. Los adultos necesitamos darles cierta independencia a los pequeños, para que aprendan por sí mismos a tomar decisiones, por sencillas que parezcan. Si los asfixiamos con sobreprotección, así como ese alambre que se enterró profundamente en la planta, difícilmente ellos podrán librarse de ser siempre dependientes de alguien que les diga qué hacer y qué no hacer.


Para liberar a la planta, vamos a tener que cortar el alambre con alicates filosos y puntiagudos, usándolos con el mayor cuidado, para no afectar a la planta, aunque dudo que sea posible. Es decir, que el desarraigo de alguien que alcanzó edad adulta, es muy doloroso, y a veces imposible.


Hay una dependencia que debemos ir aprendiendo todos, desde niños, y así deberíamos enseñarles nosotros, también; me refiero a depender del Señor, el que nos cuida, pero no nos sobreprotege. El que nos dirige, pero no nos impone. El que nos sugiere, pero no nos obliga. En Él somos libres y estamos siempre seguros.

"Hay una dependencia que debemos ir aprendiendo todos, desde niños, y así deberíamos enseñarles nosotros, también; me refiero a depender del Señor."

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