La Vida en el Campo

Dios es tan bueno que nos ha dado el privilegio de vivir prácticamente en el campo, donde podemos apreciar el ganado del vecino, pero, sobre todo, un lugar lleno de paz, tranquilidad y la presencia del Señor. Una de las experiencias más hermosas que vivimos a diario, es admirar los pajarillos de color rojo o de color azul, tonos brillantes que alegran la vista. Ellos entonan cánticos hermosos que endulzan nuestros oídos.


Cuando inició la Pandemia, mi esposo decidió sembrar algunos frutales y verduras, entre ellos, una enredadera de Maracuyá, Papayas, Ayotes. De todos ellos ya hemos disfrutado el fruto, en nuestras comidas y bebidas.


Cada vez que me deleito con este entorno, no puedo evitar pensar que la condición del primer hombre (varón y mujer), era aún superior a la nuestra. Ellos tenían acceso a todos los árboles con fruto que tiene semilla, podían sencillamente alargar su mano y tomar del fruto para comer. Tenían a todos los animales a su servicio, pero sobre todas las cosas, podían hablar con Dios y disfrutar de Su presencia.


Lamentablemente, el hombre echó a perder toda esa belleza, desde el momento que fue engañado por la serpiente antigua. Ellos fueron sacados del huerto de Edén, y ya no se les permitió volver para disfrutar de la bendición de Dios en el lugar. Por sobre todas las cosas, el hombre perdió su comunión con Dios, dejaron de hablar y de comunicarse entre sí, como un hijo lo hace con su Padre y viceversa.


Si algo deseo, es poder mantener el ambiente del cual disfrutamos. Entiendo perfectamente que la causa o la razón de tener lo que tenemos, está escondida en Dios. Si mantenemos Su presencia, esta nos permitirá estar rodeados de Su bendición, en todos los aspectos de la vida.


La pregunta es inevitable: ¿Cómo mantenemos Su presencia? Lo más importante es no descuidar la comunión con Dios como nuestro Padre. Hemos de obedecer Sus instrucciones y acatar Sus mandatos. Conocer lo que a Él le gusta para intentar hacerlo, como, por ejemplo, alabarlo, cantarle, exaltarlo, ser agradecidos con Él. De igual manera, conocer lo que a Él le desagrada, para intentar no hacerlo.


Nuestro objetivo en la vida debería ser agradar a nuestro Padre, sólo por amor, no por miedo al castigo, ni por temor a ser vistos por los hombres, sino sencillamente, por puro amor. Esa relación basada en el amor, nos asegura Su presencia manifiesta, que a su vez atrae todo lo bueno y agradable para nuestras vidas, y nuestro entorno. ¡Vale la pena disfrutar de un nuevo Edén!

"¡Vale la pena disfrutar de un nuevo Edén!"

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