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Enseñar a Nuestros Hijos

Todos los seres humanos somos diferentes, uno del otro; por ende, todos los niños son diferentes, aunque sean hermanos, inclusive, aunque sean gemelos. La Psicología moderna enseña que hay que dejar que los niños desarrollen su propia personalidad. Por ejemplo, que ellos elijan cómo quieren vestir, que ellos manifiesten lo que quieren hacer, o lo que no quieren hacer.


Eso suena muy bien, sin embargo, me pongo a pensar que un niño antes de tener uso de razón o decisión propia, es como una plantita que comienza a crecer. Si dejamos a la planta crecer a su gusto, podrá crecer torcida, o convertirse en un arbusto salvaje, sin forma. Pienso que, así como podamos las ramas de los arbolitos, o quitamos la maleza de ellos, es importante podar algunas acciones de nuestros pequeños, para que no crezcan salvajes.


Es nuestra responsabilidad como padres, enseñarles cómo sostener el tenedor o la cuchara, cómo llevar el bocado a la boca y demás. Si no lo hacemos, para ellos será más fácil comer con sus dedos y podrían quedarse sin aprender.


Seguramente si les damos libertad total a los niños para elegir su ropa, van a ponerse ropa de salir a jugar, para asistir a la Iglesia o a un cumpleaños. Me parece que es nuestra labor, enseñarles que hay un estilo de vestimenta para cada ocasión.


Muchos adultos seguramente discreparán conmigo, pues piensan que uno debe sentirse cómodo, sin importar lo que piensan los demás. Lamentablemente, mientras vivamos en un mundo integrado por otros seres humanos, deberíamos seguir ciertas normas de comportamiento, o códigos sociales implícitos.


En el Huerto del Edén, Dios puso al varón y a la mujer, y aunque no tenían otros homólogos, había toda clase de animales y plantas; además, Dios mismo se paseaba en el Huerto, para hablar con ellos. No había código de vestimenta, pero había normas qué seguir, podían comer de todo árbol que tuviera fruto con semilla; pero había un árbol del cual no podían comer. Todo esto era por su propio bien, Dios quería protegerlos y ayudarles a mantener la vida eterna.


Nosotros tenemos la responsabilidad de proteger a nuestros hijos pequeños, de ponerles normas y límites, para que el día de mañana sean niños educados que no avergüencen a sus padres. Para los que somos abuelos, ya no tenemos esa misma responsabilidad para con nuestros nietos, nuestro tiempo ya pasó, ahora les toca a nuestros hijos hacer su labor.

"Nosotros tenemos la responsabilidad de proteger a nuestros hijos pequeños, de ponerles normas y límites, para que el día de mañana sean niños educados que no avergüencen a sus padres."

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