Enseñanzas de la Vida

Hay ciertas frases que se volvieron famosas y las hemos repetido sin haber entendido el valor de las mismas. Me refiero a algunas como: “El que quiere celeste que le cueste”, “La experiencia se paga cara”, “Todo lo bueno cuesta”.


En estos días miraba una película, no tan nueva, llamada “Enseñanza de Vida”, la cual me dejó meditando, porque era un caso tan real, y quizás tan frecuente, que nos enseña cómo una joven tuvo que pagar muy caro el aprendizaje, para valorar lo verdaderamente importante en la vida y para poder elegir su propio futuro.


A mis setenta años de edad, yo pensaba que ya tenía experiencia en casi todo, y aunque no soy desconfiada de las demás personas, tampoco soy de las que se creen todo. Muy a menudo me encuentro diciendo: “Demasiado bueno para ser verdad”. Sin embargo, recientemente me encontré involucrada en una situación donde teníamos una necesidad de un equipo en el Ministerio, a lo que alguien que nos quiere mucho, nos ofreció ayuda a través de un amigo suyo. Ese amigo nos ofreció el artículo que necesitábamos, totalmente gratis.


No quisiera entrar en detalles de todo lo ocurrido, porque no es lo que más me interesa del tema, sino comentarles que, a la larga, la persona que iba a ayudarnos, realmente nos estaba afectando con lo que nos estaba ofreciendo y lo que tendríamos que pagar adicionalmente. Yo acababa de pedir a los Estados Unidos, unas tarjetas electrónicas para restaurar el equipo que nos estaban enviando. Sin embargo, el Señor me alertó y a tiempo rechacé la oferta.


Lo lógico y humano era que yo cancelara los pedidos de las tarjetas, pues sumaban una buena cantidad de dinero, sin embargo, el Señor me hizo sentir: “paga con el bien el mal”. Cuando hablé con la persona para expresarle nuestra decisión, me preguntó por el pedido de accesorios, me pidió cuánto era, para pagármelo. Con seguridad le dije que no se preocupara, que yo lo absorbería.


No estoy queriendo hacerme la buena, porque les aseguro que tenía un gran conflicto interno, por un lado, mi carne queriendo expresarle a esta persona que yo no era una tonta y que sabía perfectamente cuál era su intención al habernos hecho el ofrecimiento. Pero, por otro lado, era más fuerte la voz de Dios haciéndome saber que tenía que actuar como lo habría hecho Jesús. Esta persona sabe que soy una hija de Dios y a pesar de su manera de actuar, él necesita conocer que los verdaderos cristianos actuamos de manera diferente a como lo hace el mundo sin Cristo. Quedamos en paz, pero, sobre todo, yo quedé orando por él. Pagué cara esa experiencia, con tiempo y dinero, pero valió la pena el aprendizaje.

"Pagué cara esa experiencia, con tiempo y dinero, pero valió la pena el aprendizaje."

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