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Día de la Madre

En estos días, hay mucho congestionamiento de tráfico y las tiendas están muy llenas, debido a que las personas buscan regalos para sus madres o los varones para sus esposas que son mamás, o bien, porque las invitan a cenar para celebrar el día dedicado a las madres. Pero eso no es todo, las floristerías están al máximo de su demanda, y lo que es peor, los cementerios llenos de personas ingresando para llevar coronas o arreglos florales a las tumbas de sus difuntas madres.


No cabe duda que el comercio saca provecho de la tradición de las personas y su necesidad de demostrar el amor de esta manera. Los seres humanos somos muy sensibles y sensoriales, a veces valoramos el amor por las expresiones externas o materiales. No es necesario el amor para comprar un regalo para alguien, pero si es necesario el amor para cuidar al ser querido, para apoyarle en su necesidad, para estar pendiente de su persona.


Hace algunos meses o pocos años, me di cuenta que, aunque yo con frecuencia le enviaba regalos a mi madre y trataba de ir a visitarla cada tres meses a su ciudad, en realidad no me comunicaba tanto con ella y no estaba pendiente de llamarla para que me contara las mismas historias cada día. De manera que decidí comenzar a llamarla a diario, casi siempre a las 7:30 p.m., o antes, si acaso yo tengo un compromiso esa noche. Al pasar de los meses, ella me confesó el otro día: “Hija, yo no me duermo tranquila, sino hasta que usted me llama”, “Yo espero con ansias su llamada, porque eso me da ánimo para vivir, usted alegra mi vida”.


Mi madre tiene 91 años de edad, en septiembre serán 92. La mayor parte de mi vida, la he pasado lejos de ella. Prácticamente desde que yo tenía 13 años, salí de casa a estudiar y nunca volví. Han sido 58 años lejos de ella, de la mujer que en mis primeros 13 años de vida, me dio un ejemplo de integridad, de rectitud, de honestidad, como emprendedora, como líder de masas, como organizadora, como gerente. Una mujer compasiva con el necesitado, amorosa con los animales y cuidadora y admiradora de las plantas. Su exagerado celo por el buen español y el uso de las palabras, me conmueve. Su ejemplo fundamentó mi vida.


Tomé la decisión hace un tiempo, de decirle que la amo, que la bendigo, cosa que nunca hice en los años anteriores. Todo esto lo hago por ella, pero también por mí. Me da mucha alegría complacerle sus deseos, aunque yo sé, que cuando tiene en sus manos lo que deseaba, pierde le interés, tal vez sólo sea para probar si mi corazón realmente la ama y procura todo su bienestar. Felicidades mamá, cada día de tu vida, sin que sea el “Día de la Madre”.

"La Dra. Emma de Sosa junto a su madre, Betty Dubón"

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